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La nacionalización de YPF en Argentina y sus implicancias para el Perú

Tenía este post pendiente pero la falta de tiempo no me permitió sacarlo antes. Creo que mucho de la discusión sobre el tema ha estado enfocado en lo simbólico, con poco énfasis en lo que me parece central: las consecuencias de mediano y largo plazo de la ausencia de derechos de propiedad estables. Los neoliberales a ultranza han cuestionado la expropiación desde su crítica usual al rol del Estado en la economía.  La izquierda por su lado ha enfatizado cuestiones de autonomía, reivindicando la participación del Estado en los llamados “sectores estratégicos”. Viendo el tema desde Perú, las reacciones de neoliberales y zurdos han ido más o menos por la misma dirección. Así por ejemplo, desde el Gran Combo Club y desde una perspectiva de izquierdas,Jorge Rendón Vásquez describe el tema en los siguientes términos:
“Esta expropiación, que despierta la satisfacción de las mayorías sociales de América Latina, ha enfurecido a los incondicionales del neoliberalismo y de las privatizaciones, para quienes el capítulo siguiente será el horror de la evacuación de los capitales y otras fantasías. Se dirigían a los argentinos, a ver si se asustaban y, como un reflejo, a sus legisladores para inhibirlos de votar a favor de la expropiación; pero apuntaban también a los demás pueblos de América Latina para desalentarlos de hacer lo mismo, ahora que el término expropiación deja de ser la mala palabra, puesta en el índex por los neoliberales. Hasta nuestro “marqués”, como obediente vasallo de los señores que le dieron ese título, se tiró al ruedo, para combatir la expropiación argentina, dando curso a su manera profesional y remunerada de alzarse como un resorte cada vez que los centros del poder capitalista lo convocan para anatematizar las medidas económicas, sociales y políticas que los incomodan.”
Tengo la impresión que los liberales harían un mejor trabajo si se dedicaran a hacer pedagogía política utilizando el caso argentino como un ejemplo de lo que no debe de hacerse pero sin apelar al tremendismo al que alude Rendón. Este tipo de razonamientos son muy difíciles de sostener en un contexto global en donde la recesión, la débil regulación y las malas prácticas corporativas vienen siendo asociadas equivocadamente (con la participación tendenciosa de la izquierda) con el liberalismo. En este escenario, las acusaciones de la izquierda suenan creíbles y por ende cada vez más gente mira con simpatía la participación estatal en sectores como el petrolero.
Lo primero que habría que decirse es que, al estado actual del conocimiento económico, no existe evidencia empírica que indique que el Estado siempre es un mal gestor de recursos. Tenemos diversas teorías que proveen razones sólidas para desconfiar de este, pero es difícil obtener evidencia empírica concluyente al respecto. Al nivel internacional, existen ejemplos abundantes de empresas públicas eficientes (como Petrobras o Codelco) y también de otras en donde abunda la corrupción y la ineficiencia (como PDVSA). Entonces, no se trata de si la propiedad es privada o pública, sino más bien del entorno institucional que estas enfrentan. Si uno comienza a estudiar con algún detalle el caso de las empresas públicas que funcionan bien en la región, inmediatamente notara que existen mecanismos institucionales que garantizan que estas cuenten con una burocracia altamente calificada y con altos niveles de independencia del poder político de turno. Se trata entonces de la existencia de reglas de juego que crean incentivos que favorecen el desarrollo de una gestión eficiente, más allá del tipo de propiedad.
La pregunta entonces es si en Argentina (y de paso en el Perú) existen los requisitos institucionales para el desarrollo de una gestión eficiente en las empresas públicas. Parece que este no es el caso. De hecho, en el caso argentino ni siquiera las empresas privadas son totalmente independientes del poder político, como lo indica precisamente el hecho que Repsol se haya visto forzada por Néstor Kirchner a vender parte de sus acciones en favor de un empresario amigo del régimen. Como lo cuenta Xavier Sala-i-Martin:
“En 2007, y ya con Antoni Brufau al frente de la petrolera, el presidente Néstor Kirchner pidió a REPSOL que un grupo argentino entrara a formar parte de la compañía. Se trataba del grupo Petersen de la familia de Enrique Eskenazi. La familia Eskenazi era una familia de la alta burguesía de Santa Cruz, región que había sido presidida (oh! casualidad!) por Néstor Kirchner, antes de ser presidente de Argentina. De hecho, Enrique Eskenazi era amigo íntimo de don Néstor, tan íntimo que le había financiado las campañas electorales que le llevaron al poder. Es decir, el presidente Kirchner obligó en 2007 a REPSOL a aceptar un socio argentino que, casualmente, era un amigo íntimo de toda la vida y al que se le debían algunos favores políticos. Antoni Brufau aceptó porque sabía que siempre es bueno tener inversores locales con conexiones políticas. Es bueno que los insiders te señales la existencia de luces ámbar antes de que se vuelvan rojas. Por esto aceptó que la familia Eskenazi tenga primero el 15% y luego el 25% de la compañía.
Pero había un pequeño problema: los Eskenazi eran los ricos del pueblo en Santa Cruz, pero una cosa es que tus niños se paseen por el pueblo en lujosos horteras Ferraris rojos o que chuleen por las discotecas de moda de la zona y otra cosa muy distinta es comprar el 25% de una compañía que vale decenas de miles de millones de dólares. Los Eskenazi no eran tan ricos!
¿Cómo consigue la familia amiga de Kirchner comprar el 25% de REPSOL-YPF? Pues obligando a YPF a PRESTARLE EL DINERO! Repito, Néstor Kirchner obliga a REPSOL a prestar el dinero a una familia amiga para que ésta compre el 25% de REPSOL. ¿Y cómo va a pagar esa familia semejante millonaria cantidad? Pues con los dividendos de la propia REPSOL. Es decir, REPSOL, el gobierno de Kirchner y el grupo Petersen de la familia Eskenazi firman un contrato (depositado en la Security Exchange Comission de New York) que obliga a REPSOL a dar el 25% de su capital a la familia Eskenazi y ésta se compromete a pagar de vuelta con los dividendos de REPSOL. Para garantizar que REPSOL pueda cobrar ese “crédito” (o quizá deberíamos calificarlo de extorsión), se obliga a REPSOL distribuir en forma de dividendos el 90% de sus beneficios.”
Cualquiera que conozca Argentina sabe de lo poco institucionalizado que es el país. Si los Kirchner lograron que una multinacional hiciera esto, ¿Cómo será cuando la empresa esté totalmente bajo el control estatal? ¿Sera capaz la empresa de invertir para expandir la producción, el argumento utilizado por el régimen para justificar la expropiación, en este entorno institucional? Cristina Kirchner ha dicho que la empresa se manejará con criterios de eficiencia, pero es muy difícil creer que esto será posible en el escenario descrito. Como ya pasó con las pensiones y Aerolíneas Argentina, lo más probable es que las necesidades de financiamiento de corto plazo del régimen terminen creando problemas que terminaran reventando en el largo plazo.
Muchos confunden la crítica a la expropiación como una defensa a REPSOL o a los españoles. Seguro habrá interesados en defender los intereses de la empresa, lo cual por cierto es legítimo.  Creo sin embargo que lo central es la defensa de un conjunto de principios esenciales que tienen soporte científico. Concretamente, existe un conjunto amplio de evidencia que sostiene la importancia radical que tiene la protección de los derechos de propiedad para el desarrollo de las naciones. El libro reciente de Daron Acemoglu y James Robinson, “Why Nations Fail”, tiene una cantidad importante de ejemplos que van en la dirección señalada. Aquellos países que garantizan el respeto a los derechos de propiedad muestran, en promedio, un crecimiento sostenible de la riqueza. Viéndolo en perspectiva, es precisamente la ausencia de instituciones que garanticen la protección de los derechos de propiedad lo que explica, por lo menos en parte, la debacle argentina de las últimas décadas.
Además de esta razón empírica, existe una cuestión de principio vinculada con el respeto de la ley. Creo que lo fundamental no es la discusión sobre si el Estado debe intervenir o no en los sectores estratégicos, debate que han privilegiado los defensores y críticos de la medida, sino más bien si es que vamos a admitir violaciones a los derechos fundamentales de las personas, entre estos, el derecho a la propiedad. Porque, hay que admitirlo, esto es simplemente un robo. Es como si alguien entrara a tu casa, se apropia de ella y luego decide pagarte lo que se le antoja. Y en esto la izquierda tendría que ser más principista en reconocer que se trata de un robo (lo cual difícilmente hará pues significaría admitir que su compromiso con los derechos humanos es estratégico). Claro, en sociedades en donde el respeto a los derechos individuales ha sido históricamente débil, no es de extrañar que muchos celebren una medida como esta, en particular por tratarse de una multinacional. Pero desde un punto de vista de principios, es lo mismo que el gobierno le quite la casa a una familia pobre que le expropie a una empresa sus acciones.
¿Qué lecciones podemos extraer para el caso peruano? Sin duda, la izquierda local ha querido jalar agua para su molino en su agenda de lograr una participación más activa del Estado en los sectores estratégicos. Tengo la impresión que debería replantearse el debate en relación a si tenemos los mecanismos institucionales que nos garanticen  empresas publicas eficientes y mi respuesta en ese caso es que estamos muy lejos aún de ese escenario. Ya vimos como PetroPeru funcionaba como caja chica del Toledismo. Tal vez si existiera un esfuerzo más serio de los defensores del estatismo por proponer la inclusión de mecanismos que promuevan la eficiencia en una eventual mayor participación del Estado en la economía la discusión sobre el tema sería más rica. Creo que la izquierda necesita ser más convincente: no basta mirar a los vecinos y decir “mira, ¿cómo ellos si tienen empresas públicas que funcionan bien?” sino fundamentar sobre qué es lo que ha cambiado en el país para que empresas públicas que en el pasado funcionaron muy mal ahora si operen con eficiencia. Y es que, si Brasil y Chile tienen buenas empresas públicas es porque también tienen burocracias e instituciones más sólidas. Porque, supongo que al final del día de lo que se trata es pensar respecto a qué condiciones debemos garantizar para que PetroPeru se parezca más a PetroBras y menos a PDVSA (o, con seguridad en unos años, YPF).  
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Manuel Dammert y la oferta humalista del gas a 12 soles

Aqui esta, el video de Dammert ofreciendo el balon de gas a 12 soles. Ver los ultimos segundos del video.

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Contrafactuales municipales: ¿y si no hubieran tachado a Kouri?

Hace unas semanas, Susana Villarán no asomaba en las encuestas. Es interesante ver como un acontecimiento inesperado (la tacha de Kouri) ha terminado poniéndola a puertas de ganar la alcaldía. Este fenómeno abre muchas preguntas que ponen en cuestión los muchos sentidos comunes que tiene alguna gente en el país. Aquí solo algunos:

El votante de Susana Villarán es un votante interesado en una opción alternativa al modelo neoliberal

De acuerdo con Javier Diez Canseco, los votantes de Villarán estarían “…Frustrados por un crecimiento económico sin desarrollo ni redistribución de la riqueza, preocupados por la destrucción de nuestros recursos naturales, hastiados de la corrupción en la médula del poder, enervados por enormes brechas entre ricos y pobres, millones de peruanos votaron opciones de cambio. La vieja derecha neoliberal no presentó candidatos o ha sido golpeada en sus últimos reductos: la derrota del Apra en Piura, su casi derrota en La Libertad y la penosa actuación de la candidata del PPC en Lima lo muestran.” Javier Diez Canseco

¿Puede ser posible que un electorado que semanas atrás estaba dispuesto a votar entre Lourdes y Kouri sea un electorado como el que describe JDC? Me parece algo difícil de aceptar. No creo que la mayoría que antes estaban dispuestos a votar por Lourdes o Kouri y que terminaron votando por Susana sea gente critica al modelo neoliberal. ¿Si eran críticos al modelo liberal, porque estaban dispuestos a votar por Lourdes o Kouri originalmente? Pareciera más bien que es una lectura impulsada por los deseos de ver de nuevo una izquierda fuerte.

Con la victoria de Susana Villarán se abre una oportunidad para la unificación de la izquierda

“Hoy, hay que frenar el fraude y lograr la unidad al 2011. Saquemos el debate del tema de los caudillos de las fuerzas políticas y los vetos. La unidad por el cambio y la de las fuerzas de izquierda se construyen sobre movimientos y simpatizantes diversos. Buscar la unidad exige un programa común que exprese el cambio, construir equipo, y forjar un mecanismo razonable y democrático para definir las candidaturas: primarias o un evento. Podemos construir una alianza amplia entre diferentes grupos políticos e independientes, como Piura. FS no puede vetar un candidato unitario. El PNP no puede insistir en ir con invitados pero no aliados. Y el MNI, fuerza de izquierda inscrita, debería ayudar a abrir un proceso para articular al conjunto de las izquierdas, renovar su espacio directivo, su propio nombre y facilitar un agrupamiento más amplio y distinto, parte de un frente por el cambio. Sin la unidad por el cambio, los grupos fascistoides solo habrán recibido un susto.” Javier Diez Canseco

Ciertamente, la victoria de Susana puede representar una oportunidad para unificar la izquierda. Sin embargo, la pregunta es si esta reunificación vale la pena. Si Villarán ha logrado identificarse con el votante limeño e imprimirle un aire de frescura a su candidatura es porque ella aparece como una opción nueva en la política local. La pregunta es si, en un escenario bajo la unidad de la izquierda, será posible para ella –en el caso de que el liderazgo caiga en sus manos, lo cual no va a ser sencillo teniendo en cuenta los intereses de otros caudillos como Humala o el mismo JDC dentro de ese espectro político- lograra mantener la misma imagen. Villarán tuvo mucho éxito en neutralizar las críticas por su alianza con Patria Roja, a los cuales tuvo que esconder. Pero una cosa es ver a Susana Villarán al lado de Eduardo Zegarra y otra es verla secundada por Ollanta Humala y Javier Diez Canseco. En ese escenario, será muy difícil –por no decir imposible- venderse como una alternativa novedosa.

La pregunta es que ganarían Villarán y Fuerza Social, porque al final son ellos los que ganaron la elección, con una posible unidad. Intentar una nueva versión de la Izquierda Unida no sería necesario si es que el interés en mantener el control en Lima, condicional a realizar una buena gestión en el municipio. Para ganar en más regiones y tentar el gobierno nacional, una unidad podría funcionar bajo condiciones muy restrictivas. ¿Podrá Fuerza Social minimizar la carga pasiva de una unidad con una izquierda que, a diferencia de ellos, parece en lo sustancial no haber renovado su lectura de la realidad y que mantiene esencialmente las mismas caras? Pareciera que esta izquierda tiene poco que aportar y mucho pasivo detrás.

La victoria de Susana Villarán representa la renovación de la política

“Con ella se crea la oportunidad de unificar la centroizquierda, cambio y renovación con un sentido social, poniendo freno al abuso de poder, y pensando una ciudad al servicio de la gente. Y en el país, el proceso abrió nuevos cursos. La derecha, fracturada entre fujimoristas con Alan, y los neoliberales PPC-UN, SN y Toledo, perdió terreno.” Javier Diez Canseco

Creo que Susana Villarán ha tenido éxito en proyectar esa imagen, la cual sin embargo no me parece muy precisa. Me es difícil ver una opción renovada en alguien que tiene 60 años y que fue parte de una experiencia fallida como Izquierda Unida. Me es difícil ver una opción renovada de izquierda en una alternativa que tiene a Gloria Helfer, que estuvo con Toledo y antes con Fujimori, en su equipo técnico. Ciertamente, Villarán ha logrado reunir un equipo interesante con gente de muy buen nivel (algunos con doctorados en buenas universidades), aunque no creo que sea un “dream team”, como algunos pretenden sugerir. Un buen equipo nomas, pero no da la impresión que sea mejor que el equipo de Lourdes.

Siempre he creído que una izquierda moderna le hacía falta al Perú. Una izquierda que crea en el mercado y en los derechos fundamentales de la gente. Ha sido muy afortunado que un evento tan fortuito como la inesperada tacha de Kouri haya terminado beneficiando a esta izquierda y no a alguna alternativa radical. Porque, hay que decirlo, Fuerza Social es un grupo minoritario dentro de una izquierda que en lo sustancial no se ha renovado. Aquellos que han tenido la suerte en participar en experiencias progresistas de izquierda, ya sean virtuales o partidarias, no me dejaran mentir cuando digo que es muy fácil encontrar, aun dentro de los grupos moderados, a gente que sigue creyendo que la violencia es justificable. Aunque muchos hablan de democracia y de derechos humanos, la vena totalitaria e intervencionista, producto de su militancia radical en los 70s y 80s, todavía está presente, y se manifiesta sutilmente en los debates sobre temas de coyuntura.

Por esa razón, creo que una victoria en Lima de Fuerza Social puede servir para cambiar la correlación de fuerzas al interior de la izquierda a favor de los sectores más moderados. Una izquierda moderna, critica a los autoritarismos de izquierda y a favor de un manejo responsable de la economía es lo que se necesita en el Perú. Por esa razón cualquier intento de unidad debería poner por delante un programa basado en estos ejes. Esta es una excelente oportunidad para avanzar en esa dirección.

Ojala no termine pasando que, la izquierda rancia (aquella que admira a Correa, Chavez y Evo; aquella izquierda que combatió los intentos de re-eleccion de Fujimori pero que pasa por agua tibia la continua re-eleccion de Chavez y los intentos de Evo y Correa de cambiar sus constituciones para, al mismo estilo de Fujimori, perpetuarse en el poder) termine anulando los intentos de construir una izquierda moderna en el país.

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Noche española: Neoprogs, Los Secretos y una entrevista a Sala-i-Martin

Escribo esto a borde de los finales, así que será un post más que breve y probablemente el último que escriba desde Berkeley en lo que queda del año.

Primero para contarles que desde hace un tiempo formo parte de Neoprogs. ¿Qué es Neoprogs? Yo mismo no tengo idea, pero el amigo Citoyen les puede explicar cómo es el asunto. Una forma resumida de decirlo es que un neoprog es un izquierdista que no tiene vergüenza de creer en el mercado. En concreto, Neoprogs es un agregador de blogs de gente interesante que escribe desde la madre patria sobre temas de economía y política de una perspectiva liberal de izquierda. Yo, que a veces me levanto izquierdista y estoy a favor de la estatización del sistema de salud de este país (que me dice que la última vez que estuve 5 horas en la sala de emergencia le coste 10 mil dólares a mi seguro!!!…que hijos de p…) y otras me acuesto puteando el sistema de transporte público de California y extrañando las combis de mi desordenada Lima, no estoy seguro de ser liberal o izquierdista, y por tanto mucho menos seguro de ser un neoprog (aunque según el facebook soy un social liberatario centrista. Se ofrece recompensa a quien me ayude a descrifrar que es lo que significa eso). Como sea, lo único importante es que cruzando el Atlántico hay un grupo de gente interesante que vale la pena leer con la que comparto un interés en la justicia social y la creencia que el liberalismo tiene alguna respuestas que la tradición izquierdista tiene que asumir sin sentirse avergonzada por ello. Esto me parece fundamental en el Perú, en donde buena parte de la juventud “progresista” se ha quedado atrapada en la reproducción de un discurso ideológico de izquierda anquilosado, no solo inútil sino que además reñido con la ciencia y la economía moderna. Basta darse una vuelta por la web de organizaciones como Integración Estudiantil o Juventud Popular, o las juventudes del Partido Socialista, para darse cuenta de la magnitud del drama. Ojala estos grupos, junto con la arenga “otro mundo es posible”, piensen pronto en otra arenga que rece “otra izquierda es posible”.

Ya que estamos con España, les dejo una entrevista a Xavier Sala-i-Martin, probablemente el economista español de mayor reconocimiento mundial, y una canción del grupo Los Secretos titulada “Buena Chica” interpretada por Wicho de Mar de Copas.

Va para ti, “buena” chica.

Entrevista a Sala-i-Martin http://d1.scribdassets.com/ScribdViewer.swf?document_id=23645912&access_key=key-1xg4suyfbuuuskadrlj0&page=1&version=1&viewMode=list

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El mito de la unidad de la izquierda

Si uno ubica el origen de la izquierda moderna en el Perú en la fundación del Partido Socialista por José Carlos Mariátegui allá por 1928, tomará nota que han pasado ya cerca de 80 años. Apenas dos años después de su fundación el partido adoptó el nombre oficial de Partido Comunista del Perú. Como menciona el informe de la CVR, el PCP tuvo un rol marginal dentro de la política del país mientras que el APRA, más a la izquierda en aquel entonces, canalizaba las demandas de los sectores populares del país. Así fue hasta 1962. La izquierda era una.

Es en aquel año en el que la izquierda sufre su primera división. Un grupo de sus militantes se separan del PCP y junto con algunos apristas disidentes se van a Cuba con la idea de entrenarse para una aventura guerrillera que, como casi todo lo que ha hecho la izquierda en el Perú, terminó en fracaso. En 1964, empieza la vocación divisoria de la izquierda: primero fue la división Bandera Roja versus Unidad, y luego del primero salieron Patria Roja y después Sendero Luminoso. A partir de Unidad surgió la llamada “nueva izquierda”, siendo los partidos más representativos el MIR y Vanguardia Revolucionaria. Y desde entonces la división de la izquierda ha sido la constante, salvo el breve periodo que sobrevivió con relativo éxito la Izquierda Unida entre 1980 y 1985-86.

Si uno hace un poco de números, es claro que -aun en su momento más exitoso- la izquierda no fue capaz de convocar a más de un tercio del electorado en el país. No tuvo la fuerza suficiente como para ganar la elección del 85, a pesar del desgaste de los partidos de derecha que gobernaron el país entre 1980 y 1985. Cerca del 70% del país no voto por ella en aquella ocasión.

Sin embargo, por alguna razón, los izquierdistas siguen añorando aquella experiencia. Nuevamente, el argumento es la unidad, como si automáticamente un candidato unitario fuese capaz de convertir el 1% que en su conjunto obtuvieron los candidatos de izquierda en las elecciones pasadas en un 30% como en el pasado. Algunos ven el giro a la izquierda en muchos de los países de la región, como una oportunidad para la izquierda local, y se lamentan que esta –por causa de sus divisiones- esté dejando pasar la oportunidad de llegar al poder.

Tengo la impresión de que muchos de los supuestos detrás de estas creencias no son válidos, en particular la idea de que el electorado en la región se ha movido a la izquierda. Efraín Gonzales de Olarte argumentaba en alguno de sus trabajos que en el caso peruano los electores suelen votar por la alternativa política que ocupe el centro electoral. Siguiendo la lógica de ese argumento, debería ser cierto que la mayoría de los votantes en el país se ubican al centro político y por tanto la única posibilidad real de la izquierda seria moverse hacia ese sector. De hecho, Ollanta Humala ha tratado de hacer lo anterior y habrá que esperar los resultados electorales del 2011 para juzgar si fue exitoso en esa dirección. Buena parte de la izquierda asume que sus banderas son compartidas por las mayorías nacionales y que por lo tanto lo central en su estrategia política se reduciría a articular una candidatura unitaria.

A partir de datos colectados por la Encuesta Ecosocial en el 2007, es posible armarnos una idea de las preferencias políticas de los peruanos y latinoamericanos. Como se observa en el gráfico, la mayor parte de los entrevistados en Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú se ubican en el centro político. Si medimos el centro político por aquellos encuestados que en la escala del 1 al 10 seleccionan 5 y 6, donde 1 es extremo izquierda y 10 es extremo derecha, tendremos que cerca del 53% de peruanos se encuentran en dicho sector. Similar al 52% de Argentina y ligeramente superior al caso chileno (47%) y colombiano (49%) y algo lejos del brasileño (39%). Salvo el caso brasileño en donde el electorado tiene niveles de preferencia políticas más sesgadas a la izquierda, en la mayoría de los países pareciera ser que el electorado prefiere el centro político, lo cual sugiere que en realidad el giro a la izquierda seria más bien un giro de los partidos de izquierda al centro. Dejo a mis amigos politólogos testear la validez de mi hipótesis.

Si el giro a la izquierda no es tal, entonces es difícil que aun una candidatura unitaria de la izquierda pueda ganar. El centro político está sobre poblado y es difícil que los candidatos de izquierda como Humala, Arana o cualquier otro sean vistos por el electorado como alternativas de centro cuando hay un Toledo o un Castañeda peleándose esa posición.

Sin embargo, la izquierda en el Perú seguirá soñando en llegar al poder como su pares en otros países de la región. Mi hipótesis es que, si ello llegase a ocurrir, no será necesariamente por la conformación de una candidatura unitaria.

Actualización I

Silvio Rendon y Farid Matuk hacen algunas precisiones sobre el divisionismo de la izquierda.

Silvio:

“Las izquierdas siempre presentaron divisiones y orígenes diversos, medio siglo antes de los sesentas.

El APRA fue un movimiento de izquierdas. De hecho fue fundada antes que el PSP de Mariátegui, como una escisión donde Mariátegui, inicialmente aprista, quedaba fuera. He ahí una división. (Antes tenemos a los anarquistas de comienzos de siglo, la mayoría de los cuales se incorporan al APRA, superados por la influencia de la revolución rusa y mexicana). En 1930 hay otra división, entre el PCP de Eudocio Ravines y el PSP de Luciano Castillo (influyente en Piura, entre los trabajadores petroleros de la IPC).

En 1947 se funda el POR, de orientación trotskista, al que se suman varios ex-apristas en los cincuentas, notablemente Ismael Frías. Varios apristas renuncian al APRA en esa época: Ciro Alegría, Magda Portal, Alberto Hidalgo.

En los sesentas tampoco todos los grupos salen del PCP o del POR, sino del APRA (el MIR) o de Acción Popular (Acción Popular Socialista y Vanguardia Revolucionaria), la Democracia Cristiana o el Movimiento Social Progresista. Es decir, no hay un origen único, comunista, en las izquierdas. Más bien hay orígenes diversos y paralelos, con una competencia por el espacio de izquierdas: Hugo Blanco regresa al Cusco con un nuevo discurso a desafiarle el terreno a los incumbent del PCP y logra tener mayor influencia. Hoy ocurre algo así con Arana vs. Humala, pero todavía queda por ver cómo se juegan las cartas en esa lid…”

Farid:

“Durante el gobierno de Bustamante y Rivero, la izquierda ya estaba dividida, como ejemplo esta el GOM (Grupo Obrero Marxista).

Para 1978, la izquierda obtiene 8% de los votos, y la ultra izquierda obtiene 12% (FOCEP y UDP). En 1980 la ultra izquierda obtiene otra vez 12% (PRT, UDP, y UNIR).

A nivel mundial nunca la ultraizquierda había obtenido una incidencia electoral tan alta como en Perú en 1978 y 1980. Pero luego la aparición de SL y MRTA, generó un conflicto armado dentro de la ultra izquierda.

Al cual se suma la represión estatal a las organizaciones legales de la izquierda en general; que trae como corolario la desaparición de la ultraizquierda tal como la definió SINAMOS.”

Polarización Política en América Latina http://d1.scribdassets.com/ScribdViewer.swf?document_id=22552305&access_key=key-ldu79c4g3invmmgwhzp&page=1&version=1&viewMode=list

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El Mito de la Izquierda Igualitaria: Igualdad, ¿pero de qué?

A partir de mis últimas entradas sobre el tema de igualdad de oportunidades (ver aquí, aquí y aquí), voy a comenzar una serie de posts discutiendo el concepto de igualdad que se desprenden de los trabajos de economistas y filósofos modernos que han discutido el tema. En particular, mi propósito es poner en cuestión esa suerte de monopolio que pretende arrogarse la izquierda sobre la lucha por la igualdad y las condiciones de vida de los más necesitados. En realidad, la dimensión de recursos materiales es solo una de las dimensiones sobre la cual podemos evaluar las diferencias entre las personas. Una de las ideas básicas que trataré de mostrar es que la visión que tiene la izquierda respecto a la desigualdad es defectuosa comparada con otras visiones alternativas.

Gran parte de esta confusión tiene que ver con la forma en que la igualdad es percibida por el ciudadano común. Cuando se habla de igualdad, lo primero que muchos piensan es la igualdad en el vector de ingresos o, en un sentido más general, de bienes materiales. Los teóricos de la justicia modernos concuerdan que dicha visión, que es básicamente la defendida por la izquierda, es básicamente defectuosa, como se desprende de mis posts sobre igualdad de oportunidades y que espero desarrollar en los posts siguientes.

Antes de empezar nuestra discusión sobre a los problemas económicos y filosóficos de la desigualdad, es pertinente hacer explícitas dos cuestiones básicas señaladas por Amartya Sen respecto al tema distributivo. En primer lugar es preciso reconocer que el asunto de la igualdad, y las demandas que emergen en búsqueda de esta, no pueden obviar el hecho fundamental de que los seres humanos son esencialmente diversos, tanto en sus atributos internos como a los factores externos con los que se enfrentan. El no reconocimiento de estas diferencias puede derivar en la incapacidad para comprender la naturaleza y los alcances de la problemática distributiva.

En segundo lugar, existe una multiplicidad de variables a partir es posible juzgar la igualdad. De esta manera, la diversidad humana conduce a divergencias en la valoración de la igualdad cuando esta se contrasta con variables distintas. De allí la relevancia de plantear correctamente que entendemos por igualdad y sobre de qué tipo de ésta estamos hablando.

Los seres humanos somos muy diferentes en distintos respectos. Estamos sujetos a distintas características y circunstancias tanto externas como internas. Llegamos a este mundo provistos de diferentes dotaciones de activos, recursos y talentos. Tenemos distintos orígenes familiares, somos de razas diferentes y, claro está, de diversos géneros. Vivimos en ambientes naturales y sociales cuyas diferencias condicionan nuestras oportunidades y posibilidades de ser y hacer. Somos, en suma, producto de las diversas condiciones con las que empezamos nuestra existencia y de las circunstancias en la que ésta se desenvuelve.

Dependiendo de la forma en que estas diferencias se traduzcan en términos de disparidades de ingreso y riqueza es que podremos considerar a la desigualdad como un problema ético. Si la desigualdad distributiva es resultado, en parte, de las diferencias individuales en las dotaciones de activos y recursos que se constituyen por tanto en factores que escapan del control de los individuos (y por ende “moralmente arbitrarios”), estaremos entonces frente a una situación éticamente problemática, puesto que el conjunto de factores claves para la creación de riqueza resultan siendo “externos” al individuo. Sin embargo, las disparidades de ingreso y riqueza son reflejo también de diferencias individuales en materia de esfuerzo, ambición y disposición de asumir riesgos. Dado que estos factores pertenecen al ámbito de la responsabilidad personal resulta siendo evidente que no toda desigualdad del ingreso termina siendo un problema ético.

Entonces, las diferencias existentes entre los individuos en términos de atributos personales y de características externas son de vital importancia para evaluar la desigualdad. Ello es así puesto que la igualdad en un ámbito determinado generalmente suele ir acompañada con desigualdades en otros ámbitos alternativos. Si, por ejemplo, se lograse construir un sistema social en el cual se asegure un nivel de ingresos similar para todos los individuos, ello no nos garantizaría que todos estos logren alcanzar un mismo nivel de bienestar. Aquellos miembros de la sociedad que tuviesen, por ejemplo, algún tipo de falencia física se verían limitados para realizar la transformación del ingreso obtenido en términos de bienestar debido a la carencia de algunas capacidades básicas para llevar a cabo el tipo de vida que valoran. Así, la desigualdad con respecto a una variable (por ejemplo, ingresos) puede llevarnos en una dirección muy diferente de la desigualdad en el ámbito de otra variable (por ejemplo, derechos o bienestar).

Dada la pluralidad de variables sobre las cuales es factible centrar nuestra atención (ingreso, patrimonio, utilidades, recursos, libertades, derechos, calidad de vida, etc.) con el propósito de evaluar la igualdad interpersonal, resulta siendo difícil la elección del conjunto de éstas que constituirán nuestro enfoque de evaluación, elección sin duda crucial para una adecuada aproximación al tema que nos interesa.

Las distintas teorías normativas al respecto siempre han exigido la igualdad de “algo” en particular, en razón de la importancia intrínseca y/o instrumental de ese “algo”. Así, por ejemplo, encontramos en las propuestas de John Rawls un reclamo a favor de la igualdad de libertades e igualdad en el acceso a “bienes primarios”. Amartya Sen nos habla de igualdad de capacidades mientras que Donald Dworkin nos plantea la igualdad en el acceso y control de los recursos. Inclusive, aun quienes rechazan la noción de justicia distributiva abogan por un tipo particular de igualdad. Por ejemplo, Robert Nozick es partidario de la igualdad de derechos libertarios de los individuos.

Finalmente, y aunque no suele ser reconocido, en la postura utilitarista subyace un tipo particular de igualdad. Esta consiste tratar por igual a los seres humanos en el ámbito de ganancias y pérdidas de utilidades, asignándoles igual ponderación en la función objetivo utilitarista de las ganancias de utilidad de cualquier individuo. Como bien señala Amartya Sen, “…el utilitarismo concede exactamente la misma importancia a las utilidades de todos los individuos con respecto a la función objetivo, y esta característica, unida a la formula de maximización, garantiza que las ganancias de utilidad de cada individuo tengan igual ponderación en el ejercicio de maximización”.

¿Cuál es el enfoque es más adecuado para juzgar la (des)igualdad? Como en todo campo de conocimiento es difícil encontrar un enfoque que se encuentre exento de dificultades, tanto teóricas como prácticas. En los posts siguientes discutiré las visiones sobre justicia distributiva más conocidas.

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Filed under Desigualdad, igualdad de oportunidades, Izquierda, Justicia Distributiva

Thinking about Chavez: what does the data say?

Mi entrañable amiga Dorothy ha escrito un post interesante en el blog Caracas Chronicles sobre una reunión reciente en la cámara de representantes sobre la política exterior estadounidense respecto a Venezuela. La postura de Dorothy se podría resumir en que seria un error que Estados Unidos insista en una conducta hostil hacia Venezuela bajo al argumento de que esta es un Estado que promueve el terrorismo.

En lo personal, tengo la impresión que el régimen chavista puede ser criticado severamente si es que hacemos una evaluación general de su performance, y no solo un análisis de su política exterior, mas aun si tenemos en cuenta que en muchos países de la región la izquierda lo tiene como uno de sus referentes. Para mi mala suerte, no he tenido la misma ventaja que tuvo Dorothy de vivir cerca de un año en Venezuela. Apenas si pase unos días por allá (aunque los suficientes para entretener mi vista con la belleza de sus mujeres, algo que por cierto fue el único tema del que hable con Chávez cuando lo conocí en una reunión de presidentes en México a la que me invitaron). Pero si he visto alguna literatura y algún debate sobre los efectos de las políticas chavistas sobre el bienestar de los venezolanos más pobres. Mas allá de los encendidos debates ideológicos sobre las bondades y las deficiencias del chavismo, veamos que dicen los datos.

Por suerte, Francisco Rodriguez de Wesleyan University ha escrito con sus co-autores diversos trabajos sobre el tema. Mas o menos su argumento básico es que los pobres no están mejor con Chávez. En un articulo publicado en Foreign Affairs de March/April del 2008, titulado “An Empty Revolution: The Unfulfilled Promises of Hugo Chávez,” sostiene que:
“Neither official statistics nor independent estimates show any evidence that Chávez has reoriented state priorities to benefit the poor. Most health and human development indicators have shown no significant improvement beyond that which is normal in the midst of an oil boom. Indeed, some have deteriorated worryingly, and official estimates indicate that income inequality has increased. The “Chávez is good for the poor” hypothesis is inconsistent with the facts.”

Si usted, amigo lector, es simpatizante de Chavez, vale la pena leer el articulo completo. La evidencia que presenta el autor basta como para echar por tierra muchos de los lugares comunes que uno escucha en nuestra izquierda local. Sin embargo, eso no significa que los argumentos de Rodriguez no sean debatibles, y de hecho Mark Weisbrot, un académico del Center for Economic Policy Research (un think-tank de izquierda basado en Washington, DC) ha escrito un articulo cuestionando la evidencia de Rodriguez, el mismo que a su vez a merecido una contra-replica de este ultimo (ver mas criticas de Weisbrot en su pagina web). Tengo la impresión de que Rodriguez son más acertados que los de Weisbrot, pero cada cual puede formarse una opinión al respecto a partir de una lectura de los papers de los mencionados y en tanto surja mas evidencia y/o se mejore la calidad de la ya existente no podremos ser concluyentes en una direccion o la otra.

Rodriguez también ha escrito (con uno de sus co-autores) un paper en donde realiza una evaluación de impacto de la llamada misión Robinson, titulado “Freed from Illiteracy? A Closer Look at Venezuela’s Robinson Literacy Campaign“, a publicarse en la revista Economic Development and Cultural Change. En dicho paper los autores encuentran que el efecto del programa es bastante pequeño y que en algunas especificaciones dichos resultados no son estadísticamente significativos. Weisbrot (y un co-autor) ha escrito también una critica a este paper, la cual también ha merecido una contra-replica de los autores. Vale la pena leer los papers, pues me parece un caso interesante de discusión entre gente que sabe del asunto y con argumentos interesantes, de las que uno no encuentra en panfletos virtuales como Rebelión.

Bueno, para terminar, solo quiero volver a mi punto inicial respecto a la naturaleza que debería tener una discusión sobre temas tan controversiales como el caso de Venezuela. Creo que, después de la discusión normativa del asunto, no deberíamos no mirar los datos que existan al respecto. Desde un punto normativo, tengo un argumento fuerte en contra del Chavismo por su carácter personalista y caudillista, que –según me parece- no ha funcionado en la mayoría de los países de la región. El problema con Venezuela es que, de un tiempo a esta parte, el régimen democrático tampoco parece haber funcionado bien y para algunos eso basta para admitir un régimen autocrático (no olvidemos que en los latinobarometros una proporción importante de la gente de la región no tendría problemas en aceptar regímenes autocráticos si es que estos son mas efectivos). Además del argumento normativo, existe evidencia –no libre de controversia, claro esta- que el régimen tampoco funciona bien para los más pobres. Creo que, si el argumento normativo en contra de Chavez no es suficiente para algunos, al menos un argumento positivo que sugiera lo que muchos sospechamos respecto a la incapacidad de los gobiernos populistas de favorecer a los más pobres debería funcionar como condición suficiente.

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