La Era de Milton Friedman o como los termocéfalos pretenden desconocer los logros económicos del modelo de libre mercado

El último número del Journal of Economic Literature trae un par de artículos muy interesantes. Uno es un literature review de Guido Imbens y Jeffrey Wooldridge sobre desarrollos recientes en los métodos econométricos para la evaluación de programas, de lectura altamente recomendable para los interesados en métodos cuantitativos.  El otro es un artículo escrito por Andrei Shleifer, titulado provocativamente “The Age of Milton Friedman”, que es básicamente una reseña de un par de libros que contiene evaluaciones contrapuestas sobre lo que algunos llaman modelo neoliberal. Sobre este último quiero referirme en este post.

El artículo es interesante si es que uno lo compara con la monserga de moda que le achaca todos los males del mundo al modelo de libre mercado. Hay gente muy inteligente como Stiglitz que está llevando la critica demasiado lejos, construyendo para ello un modelo del papel al cual atacar; el mismo que sin embargo no existe en la práctica. La izquierda y los críticos de la globalización lo citan mucho, y a el parece divertirle la notariedad ganada con argumentos que están bien para los legos y el público en general, pero que serian fácilmente cuestionadas por gente que está en la academia.

En el Perú, la gente de Actualidad Económica es la que más le sigue los pasos a este tipo de versiones apocalípticas de moda respecto a la evolución del capitalismo. Jurgen Schuldt es un caso emblemático de esto último:

“Los próximos años no son alentadores. El catedrático avizoró “turbulencias similares a las que se dieron entre las dos últimas guerras mundiales”, las cuales “se expresarán en proteccionismos crecientes en lo financiero, laboral, tecnológico y de activos, así como devaluaciones competitivas” lo que se traduce en que “los países se cierran e intentan desarrollarse dentro de cada bloque”.

Una nueva arquitectura internacional, deberá girar en torno a un Banco Central Mundial, “aunque aquello resulta utópico”, dijo Schuldt, “como lo es la desdolarización en Ecuador”, acotó, puesto que la crisis mundial no es coyuntural sino estructural, económica, política y tecnológica, “la misma que puede durar una o dos décadas”, puntualizó.

Los momentos económicos más preocupantes del sistema capitalista, son como “ondas, tanto cortas, cuanto largas, cada una con características propias, crisis que no es la primera dentro del sistema capitalista, porque ha sucedido una y otra vez, como parte del sistema capitalista y de acumulación del capital.” 

Según Schuldt, estaríamos frente a una crisis que podría durar una o dos décadas! Este me recuerda el tipo de lecturas que se difundían hacia fines de la década pasada cuando éramos testigos de la crisis asiática, la rusa y la brasileña.  En esos tiempos también había agoreros del final del modelo neoliberal y sin embargo un par de años mas tarde la situación se había normalizado y empezaba un ciclo de crecimiento económico mundial extraordinario. Podría apostar que Jurgen (y todos los fatalistas que coinciden con el) se equivoca, como se equivocaron los fatalistas antes.

Volviendo al artículo de Shleifer, creo que muchos de los críticos tienen una mirada muy sesgada, en donde los datos casi siempre están ausentes. Aquí comparto  la figura 1 de su artículo, en donde se muestra la evolución del producto bruto per-cápita mundial, la medida estándar de bienestar de los países. Como se desprende del grafico, entre 1980 (el momento del inicio del modelo de libre mercado según los críticos, debido a la llegada de Reagan y Thatcher al poder en USA e Inglaterra respectivamente) y el 2005 el PBI pc paso de ser alrededor de 5,500 dólares a alrededor de 9,000. Un incremento simplemente espectacular.


Con datos de Angus Maddison podemos construir una historia similar para el caso peruano. En el grafico que sigue pongo la evolución del PBI per-capita, la medida de bienestar más aceptada, para el periodo 1968-1990. Dicho periodo cubre el modelo de estado interventor impuesto en el país por el régimen militar de Velasco Alvarado; el gobierno de Belaunde, el cual aunque conto con algunos liberales en el régimen hizo muy poco por desmantelar el modelo anterior; y el gobierno populista de Alan Garcia. Cuando los militares tomaron el poder, encontraron un PBI pc de cerca de 3700 dolares y cuando lo abandonaron este llegaba a 4300 dolares. El crecimiento estuvo basado en endeudamiento externo, y no tardarían en estallar las bombas dejadas por los militares en manos de los regímenes democráticos de los 80s, los cuales dejaron el PBI pc en alrededor de 3000 dólares.

Con el modelo de libre mercado, el PBI pc creció de 3000 dolares a alrededor de 4500, como se observa en el grafico siguiente. Aun periodos de recesión, el PBI per-cápita no mostró una caída significativa, como sí ocurrió en los 80s.  

Me parece fundamental tener en mente datos como estos a la hora de juzgar un modelo económico como el vigente. Y esto es importante, más aun ahora que tenemos una crisis internacional encima. Con esto no quiero decir que el modelo sea perfecto, pero me parece sintomático que aun en el peor escenario el país seguirá creciendo, aunque sea a tasas modestas. Esto no ocurría en el pasado, cuando el modelo del estado interventor y basado en empresas públicas (como las que tanto añora Humberto Campodónico). Así, mientras que con la crisis de la deuda de 1982, el PBI per-cápita cayo de 4300 a 3600 dólares en un año, durante la crisis asiática-ruso-brasileña-argentina el PBI per-cápita se mantuvo constante. No hubo progreso, pero tampoco retroceso, mucho menos caídas dramáticas como las que ocurrían cuando las empresas públicas y un Estado interventor eran la base del manejo económico.  

Es importante tener esto en mente cuando algunos pretenden convertir la condena a Fujimori como una suerte de condena al modelo económico.  Veamos un par de ejemplos:

“La misma crítica es extensible a buena parte de la derecha peruana, sobre todo en la semana de la sentencia a Alberto Fujimori, por crímenes de lesa humanidad. ¿No se debería reclamar también un deslinde con el autoritarismo como forma de gobierno? ¿Crecimiento económico -en entredicho, además, teniendo en cuenta la enorme corrupción, justamente económica- sin derechos humanos? ¿Los costos sociales de la reinserción del Perú al sistema financiero mundial? ¿Las cuotas de sangre para la revolución capitalista en el Perú?”  La derecha sale del closet

Mas allá del dramatismo del autor (cuotas de sangre? Por favor!), lo cierto es que los datos sobre el crecimiento están ahí y el bienestar material observado en el país es claro para cualquier ciudadano de a pie. Ello explica en parte el apoyo que Fujimori goza aun en ciertos sectores de la sociedad peruana. Solo la cerrazón ideológica podría negar lo anterior.

Otro ejemplo, esta vez más extremista aun:  

“¿Podemos desligar estos escuadrones de la muerte del golpe de Estado del cinco de abril y del modelo económico neoliberal? No, de ninguna manera. El golpe, que es el mayor crimen que un gobernante puede cometer contra el Estado democrático, fue indispensable para encubrir y continuar la “guerra sucia” en curso. Y no sólo se trató, como quieren hacernos creer algunos incautos del período abiertamente dictatorial entre abril y diciembre de 1992, no nos olvidemos de todas las patrañas del CCD, Parlamento títere de la dictadura, para encubrir los crímenes que justamente acaban de ser sentenciados. Pero el terror de Estado que tuvo en los crímenes juzgados sus acciones más conocidas, fue también indispensable para aplicar el ajuste económico o la terapia de shock, esa forma de terror colectivo como señala Naomí Klein. ¿Cómo fue posible que se produjera esa expropiación masiva de los derechos sociales a la mayoría ciudadana, así como la privatización de los recursos públicos a través de procesos amañados a favor de una pequeñísima minoría de empresas principalmente extranjeras? Porque existía un Estado que aplicaba el terror, selectiva y colectivamente, y porque los que nos oponíamos sabíamos que nos jugábamos el trabajo e incluso la vida. En otras palabras, el Fondo Monetario Internacional  y los tecnócratas y empresarios que lo apoyaban necesitaban su Fujimori y su Montesinos, su Cantuta y su Barrios Altos.”  ¿Quién necesitaba Barrios Altos y Cantuta?

De veras que esta vez Lynch se llevo el premio a la termocefalia ideológica, y encima basándose en Naomi Klein que no se caracteriza precisamente por ser una analista objetiva. Me parece muy claro que buena parte de la izquierda termocefalica del país va a tratar de sacar ventaja de la condena a Fujimori para cuestionar el modelo económico. Sin embargo, por una situación muy circunstancial es que el modelo de libre mercado aparece relacionado al autoritarismo para el caso peruano. Lo cierto es que las reformas de mercado ocurrieron en diversas partes del orbe, con diversas variantes de sistemas políticos. En el Perú, en gran medida por la ausencia de contrapesos institucionales y por el desprestigio del sistema político, terminaron condicionando esta asociación con el autoritarismo pero no es posible establecer una relación causal entre ambos fenómenos. De hecho, los datos globales sugieren que las reformas de mercado estuvieron asociadas con regímenes democráticos más que con gobiernos dictatoriales. Cualquiera que mire los datos de Freedom House o la base de datos Polity IV y los combine con algunos de los índices de reformas estructurales hechos por la CEPAL o el BID puede constatar dicha asociación. Mirar más los datos no le caería mal a Lynch o a Bustamante.

Para los que creemos en los derechos humanos, la condena a Fujimori por crímenes de lesa humanidad es sin duda motivo de celebración, mas aun en un país mal acostumbrado a apostar por salidas autoritarias, ya sean de izquierda (la revolución armada en la que creyó buena parte de la izquierda del país) o de derecha (a la cual parece no molestarle acomodarse con algún régimen autoritario que le permita hacer ganancias).  Sin embargo, es preciso ver con objetividad la evidencia y lo que los datos muestran es que hubieron progresos durante los noventa a pesar de tener un régimen corrupto y autoritario. Probablemente, en ausencia de un régimen de esta naturaleza, el progreso material hubiera sido mejor, pero aun en estas condiciones los avanzado en los noventa fue mucho mejor a lo visto en nuestro pasado reciente. Ahora que el régimen político es democrático, es preciso demostrar que el progreso material puede ser mucho mejor y resolver la tarea pendiente de reducir las brechas y desigualdades que caracterizan al país. Creo que lo avanzando con el modelo económico es importante, pero la clave para avanzar hacia una mayor equidad parte por reformar el Estado y esa es la tarea que ninguno de los últimos gobiernos ha querido enfrentar.  

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Filed under Economia, narradores de cuentos, Neoliberalismo

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