Defendiendo la campaña “adopta un congresista”

A pesar de que por diversas razones no me he unido a la campaña “adopta un congresista”, me animo a escribir este post con el ánimo de comentar algunas de las críticas esbozadas por algunos bloggers que legítimamente discrepan con ella. Considero que muchas de estas críticas no tienen asidero si es que uno se concentra en el objetivo concreto de la campaña, cosa que me parece tanto promotores como críticos de la misma parecen obviar.

El hecho concreto es que existe una ley que faculta a cualquier ciudadano a solicitar información como la referida a los gastos operativos de los congresistas. Si tiene o no un blog es irrelevante. Veamos.

1. ¿Importa cuál es la motivación del solicitante? No. Yo podría ser un racista iracundo y ponerme a fiscalizar a Marta Moyano por esa razón, por ejemplo pidiéndole información sobre sus gastos operativos con el afán de fiscalizarla. También lo puedo hacer por puro ego, por creerme la mama de tarzan, por moda, por paternalismo, por figuretti o por computarme un ciudadano digital. ¿Eso invalida mi derecho a acceder a dicha información o a participar en una campaña para ello? No, para nada. Esto me recuerda el argumento del racismo para explicar la conducta fiscalizadora de la prensa con Toledo. Yo creo que algo de eso existió, pero el que haya existido o no es irrelevante pues de lo que se trata es de ver si es que las denuncias en contra de Toledo eran ciertas o no. Más allá de la motivación racista del denunciante, lo que importa es si lo denunciado constituye un hecho doloso que amerita una sanción de acuerdo con nuestro esquema legal. ¿Qué la prensa no es tan severa con García? Si pues, pero eso es otro tema. Podemos considerar criticable dicha actitud, pero eso no invalida el ejercicio de fiscalización ejercido con severidad con Toledo. Lo mismo aplica acá. Hay un derecho y un grupo de gente, sean cual sean las motivaciones que tengan, que se ha juntado para ejercerlo. Personalmente, si me hubiera metido a la campaña, lo habría hecho por puro ego y por afán de joder. So what? Me aburre esa moralina implícita en esa crítica, como si uno tuviera que ser un santo o no tener “anticuchos” para tener la cualidad de hacer valer un derecho, como si el ser un “ciudadano ejemplar” fuese un pre-requisito para poder pedirle a un congresista que me brinde información sobre sus gastos operativos. Por favor. No tengo que ser un “ciudadano ejemplar”. Con ser ciudadano basta.
2. ¿Ahonda las brechas de ciudadanía una campaña realizada por medio de blogs? Por favor! Las brechas en el Perú ya son demasiado grandes y dudo mucho que el atributo “tener blog” sea más importante que el ingreso, el nivel educativo, el origen étnico, por mencionar solo algunos vectores de diferenciación social. Si un ciudadano con blog tiene más ventajas para hacer escuchar su voz o ejercer sus derechos, no lo será por el blog en sí mismo, sino más bien por un vector de características estrechamente correlacionadas con su grado de inclusión social. Por otro lado, el que las brechas existan y que un grupo de ciudadanos no tenga la misma capacidad de ejercer el derecho de acceso a la información no invalida para nada una campaña de esta naturaleza llevada a cabo por quienes si están “más incluidos”. Sin duda que lo ideal sería que progresivamente los excluidos puedan tener condiciones para ejercer sus derechos políticos fundamentales, pero mientras tanto los incluidos debemos quedarnos cruzados de brazos para no expandir las brechas de ciudadanía? Debo dejar de firmar cualquier comunicado apoyando alguna causa justa, aunque lo haga simplemente para sentirme tranquilo con mi conciencia y creerme un “buen ciudadano”, por el hecho de que otros no puedan hacerlo? No pues. En toda democracia existen grupos que se organizan con el propósito de defender intereses que estiman valiosos por medio de acciones de incidencia política. Es parte del juego democrático. Ciertamente, lo más pobres suelen tener problemas de acción colectiva más agudos para hacer lo mismo (lo cual amerita un esfuerzo por promover su inclusión), pero ello no invalida el derecho que tienen los demás para organizarse y defender sus intereses por medio de los métodos y estrategias que estimen convenientes. Si un grupo de ciudadanos con blog lo hacen, cual es el problema con ello?
3. ¿No se construyen instituciones por medio de una campaña así? OK. So what? No, espera. Depende de tu definición de institución. En el institucionalismo moderno de Douglass North instituciones son las reglas de juego. Siendo el ejercicio de una regla de juego de lo que estamos hablando, no veo como no se estaría construyendo institucionalidad mediante una campaña que precisamente trata de llamar la atención sobre una regla de juego que existe pero que no se cumple en la práctica. Por otro lado, si se usa la definición de institución más coloquial, entonces sí, so what? Estamos hablando de un asunto tan concreto que es difícil pedirle tanto. Por otro lado, si creo que iniciativas de esta naturaleza pueden contribuir a sensibilizar a la gente con respecto a temas de ejercicio de la ciudadanía. Es una atribución ciudadana utilizar el ejercicio de este derecho como un instrumento de fiscalización y no tengo que representar a nadie más que a mí mismo para hacerlo. Si hago mancha, bacán, pero bajo el razonamiento anterior siempre tendré el problema de determinar cuál es el tamaño de grupo necesario para considerar mi causa “legítima”. 100, 2000, un millón?
CONTINUARA
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Filed under Ciudadania, Congreso

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