¿Se puede reducir la desigualdad? Algunas reflexiones a partir del evento del IEP (I)

El día lunes pasado asistí a un evento del IEP del que me enteré por medio del blog de Martin Tanaka. El tema no podía ser más interesante: ¿Cómo reducir la desigualdad? Sin embargo, para ser sincero, el evento en si mismo me pareció un poco flojo y además no tan bien diseñado (no se permitieron intervenciones del público asistente, entre quienes estaban gente que podría aportar más al tema como era el caso de Javier Iguiñiz). La primera clarinada de alerta fue no ver entre los panelistas a especialistas en la materia: salvo parcialmente Jurgen Schuldt (quien comentó además que el no entendía porque lo habían invitado no siendo especialista en la materia), ninguno de los otros ponentes (Elmer Cuba, Hugo Santamaría y Humberto Campodónico) tienen investigaciones sobre el tema. Creo que el IEP pudo haber invitado a Richard Webb y Adolfo Figueroa de la vieja guardia, o a Javier Escobal o a Jaime Saavedra (quien me comentó que estaría por acá para estas fechas la última vez que lo vi en Washington, DC) de la generación más joven. No fue extraño observar como la discusión terminó derivando en un debate sobre la orientación de la política económica más que sobre la distribución del ingreso en si, tema cuyo análisis exige en principio un tratamiento sobre aspectos de largo plazo. Tengo la impresión de que la ausencia de especialistas afectó la calidad del evento.

Aquí comparto algunas impresiones sobre lo discutió y lo que se pudo haber discutido.
1. No hubo claridad sobre el tratamiento del tema, mucho menos un diagnostico claro acerca de la extensión de la desigualdad y una evaluación de sus determinantes. Hugo Santamaría empezó la discusión sobre el tema de manera incorrecta: hablo sobre pobreza y casi nada sobre distribución. Jurgen Schuldt hizo una presentación más clara de los conceptos distributivos y llamó la atención sobre las diferentes entradas al tema (distribución personal, espacial y factorial del ingreso), pero luego se perdió en la generalidad al invocar una suerte de retorno a teóricos dependentistas como Samir Amin. Elmer Cuba hizo, a mi entender, la mejor entrada en términos de ilustrar la complejidad del fenómeno distributivo marcando las diferencias entre conceptos como exclusión, pobreza y desigualdad para luego introducir el concepto de igualdad de oportunidades, aunque se quedo corto a la hora de abordar el tema distributivo en si mismo. Finalmente Humberto Campodónico, discutió de casi todo (empresas públicas, precios de alimentos, utilidades mineras y etc.) pero muy poco sobre el tema en si, aunque si menciono algunas ideas sobre como aumentar los salarios u otras medidas para incrementar el ingreso de los trabajadores, aunque no quedo claro en que medida ello haría mas equitativa la distribución de los ingresos.
2. La desigualdad supuesta y la ausencia de los datos. Creo que una de las características básicas de la mayoría de las intervenciones consistía en dar por verdaderas afirmaciones que no han sido testeadas empíricamente, como por ejemplo un supuesto implícito de que la desigualdad ha aumentado. Los datos sobre distribución del ingreso estuvieron casi ausentes en la discusión, a no ser de una referencia de Jurgen sobre la distribución funcional del ingreso y uno que otro dato suelto soltado por los ponentes. La poca evidencia presentada y el uso de datos de una sola aproximación (distribución funcional) no permitía tener un panorama completo de la problemática bajo análisis.
3. ¿Igualdad de que? Salvo Elmer Cuba, no hubo una discusión respecto a que dimensión de la desigualdad es relevante. Se menciono que lo importante seria la desigualdad de activos y Cuba introdujo también el tema de la igualdad de oportunidades. A pesar de ello, el tema se terminó concentrando en medidas para abordar la desigualdad de activos y la de ingresos. No quedó claro porque la desigualdad es un problema y en que medida su reducción es un objetivo de política deseable, salvo una alusión de Cuba respecto a que no tendría nada de malo que los más productivos tengan mayores ingresos. En el fondo, el no aclarar de partida la dimensión normativa de la distribución oscureció un poco el debate.
4. Ganó la coyuntura. Como mencionaba líneas arriba, el debate terminó siendo dominado por asuntos de coyuntura (como es el caso del reciente paquete legislativo) y de paso con algunas afirmaciones y lugares comunes sobre el modelo de desarrollo (como la de Campodónico diciendo que estaba demostrado el fracaso del Consenso de Washington). Hace algunos años atrás, el profesor Figueroa demostraba que a pesar de los continuos y en ocasiones extremos cambios en la política económica y el patrón de desarrollo (desde un liberalismo librecambista a un modelo interventor estatista), la desigualdad permanecía como una variable relativamente insensible. Esto sugiere que es necesario ir más allá del corto plazo si es que queremos resolver los problemas distributivos del país, si es que estos son tales. La discusión basada en la coyuntura ayuda muy poco en esa dirección, y las discusiones sobre el cambio del modelo como vía para la mejora en la distribución no parecen ser muy relevantes si tenemos en cuenta los resultados del estudio de Figueroa.
5. ¿Como redistribuir? Elmer Cuba mencionó de partida la idea de que la redistribución del ingreso debería estar basada mas en la acción estatal a través de impuestos que en una aventura revolucionaria como antaño, por lo que una redistribución de activos clásica como pensaba la izquierda en los 70’s y 80’s no funcionaría. De esta manera, una buena parte del debate tuvo que ver con el rol redistributivo del Estado. Me parece que, tanto entre ortodoxos y heterodoxos, existe ya un consenso en que el Estado tiene que asumir un rol importante en esa dirección (aunque con diferencias respecto al alcance del mismo, con Cuba y Santamaría sugiriendo un Estado proveedor de servicios sociales básicos e infraestructura, mientras Campodónico reivindicaba el uso de empresas publicas como una alternativa de incrementar la recaudación para financiar medidas redistributivas), aunque tengo la impresión de que existe un exceso de optimismo respecto a la real capacidad que este efectivamente tiene en esa tarea, tanto de la izquierda como de la derecha. Me parece que una discusión sobre la economía política de la redistribución hubiera sido interesante, porque tengo la impresión de que en el caso del Estado peruano ello no es cierto. Ni siquiera las medidas redistributivas más radicales llevadas a cabo por nuestro Estado, como es el caso de la reforma agraria, tuvieron un impacto importante en la distribución del ingreso, como mostrara el profesor Figueroa en el libro que publicara con Richard Webb sobre el tema. Por otro lado, creo también que hubo un exceso de confianza sobre algunas medidas redistributivas sugeridas por Campodónico como el salario mínimo o las pensiones no contributivas. Discutiré ello en otro post.
6. ¿Adiós a lo Lakatos? Algo que me llamó poderosamente la atención fue la naturaleza de las intervenciones de Jurgen Schuldt. Como mencioné más arriba, me sorprendió mucho su sugerencia explícita de volver al dependentismo como aproximación analitica. Creo que si bien Jurgen no se dejo llevar mucho por la discusión de corto plazo que dominó el resto de las intervenciones, sus aproximaciones de largo plazo basadas en un programa de investigación regresivo como el de los teóricos de la dependencia me dejo un poco decepcionado. Me recordó la frase de Lakatos, respecto a que el cambio cientifico no ocurre necesariamente porque una teoria sea mejor que la otra, si no porque los defensores de las teorias viejas van pasando al retiro aun conservando sus creencias. Por otro lado, Campodónico pareciera que dejo de ser economista y se ha convertido en un político más. Me sorprendieron mucho sus referencias al comportamiento de las empresas públicas de países como Chile (Codelco) y Brasil (Petrobras) para justificar una mayor intervención estatal, obviando el hecho de que dichos paises tienen una burocracia e institucionalidad que largamente superan en calidad a la nuestra. En la ausencia de tales condiciones, es difícil pensar que en el Perú las empresas públicas vayan a tener similar desempeño sin convertirse en la caja chica de los gobiernos como ocurre con Petroperú. No tenemos las mismas instituciones, por lo tanto el argumento de Campodónico no funciona.
Bueno, hasta aquí dejo mis percepciones. En otro post ensayaré una respuesta a la pregunta planteada por el IEP y que siento no fue respondida adecuadamente por los ponentes invitados.
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Filed under Desigualdad, Economistas, Redistribucion

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