Dilemas Generacionales de la Izquierda: respuesta a un progresista ingenuo

En los últimos años, he tenido la suerte de discutir mucho y formar mis ideas a partir de debates con muchas personas que tuvieron una militancia de izquierda en los 70’s y 80’s. Debo confesar que en ocasiones es difícil entenderlos: suelen manejar una mística y lenguaje que, para cualquier miembro de mi generación, suele ser incomprensible. Comparto una comunicación con uno de estos personajes con el cual he discrepado en varias oportunidades en un foro de discusión política. Lo hago porque creo que refleja un problema generacional importante, si es que –desde una perspectiva progresista- se busca integrar a los mas jóvenes en un proyecto político de mediano alcance en Perú.
(Foto tomada de aqui)
Oscar,

Gracias por tu mail. Voy a aprovechar lo que escribes para poner en evidencia algunos lugares comunes que suelo encontrar en personas con tu formación y militancia pasadas.

1. Creo que es un error fundamental evaluar las acciones y creencias de personas de una generación como la mía a partir de las experiencias y creencias que compartió tu generación. Dices que consideras lamentable mi “perdida de identidad” y el que me haya “vendido al sistema”. Sinceramente, de no ser por mi auto-formación previa, me seria muy dificil entenderte. A diferencia tuya y de tu generación, yo nunca he aborrecido al sistema capitalista, ni al Banco Mundial o cualquiera de los iconos que identificas como el “sistema”. Nunca he creido en el credo socialista ni comparti los ideales revolucionarios que sostuviste y aparentemente sostienes aun. Nunca he pretendido abolir la propiedad privada ni acabar con la burguesia. Nunca me he querido cambiar el mundo, por lo menos no en la manera en que tu y tu generacion pretendieron -fracasadamente- hacerlo.

2. Siendo ello asi, no veo como puedo haber perdido mi identidad o haberme vendido al sistema. Digo lo que digo simplemente porque lo creo así. A mi nadie me paga por defender las ideas que defiendo, las mismas que son esencialmente las mismas que vengo desarrollando desde que estaba en la universidad. Mis compañeros de aulas o aquellos que me conocen desde mi fase politica universitaria pueden dar fe de ello. Siempre combatí a los grupos radicales de San Marcos precisamente porque replicaban todos los vicios de la participación política universitaria de los 70’s. Nunca estuve de acuerdo con la gratuidad indiscriminada de la enseñanza ni con la mal entendida autonomía universitaria. Siempre me molesto que solo se movilizaran para cuestionar el modelo “neoliberal” mientras no hacían nada realmente para promover la mejora de la calidad de la enseñanza o mejorar los servicios para el estudiantado, y por el contrario promovían medidas que relejaban la exigencia para beneficiar al estudiantado mediocre que los sostenía electoralmente. Nunca vi a alguno de ellos reclamando por mejores bibliotecas o softwares para el trabajo estadístico. Siempre era el modelo neoliberal y la gratuidad de la enseñanza. Solo eran un banda de mediocres.

3. Soy un investigador. Ese es mi chamba y es lo que me gusta. Trato de hacerlo lo mejor posible de modo tal que lo que hago sirva para una mejor toma de decisiones de política. Como tal, lo que me interesa primariamente en la consistencia empírica y lógica de lo que hago, indicar sus limitaciones teorico-empiricas y sugerir vias para aproximarnos mejor al tema de estudio. El uso de política publica de lo que hago no me corresponde. A diferencia de Marx, yo no quiero cambiar al mundo, solo estudiarlo. Si alguien utiliza lo que hago para promover reformas en alguna dirección que cambien el mundo, me parecerá genial, pero para eso no me he entrenado. Creo que el modelo del intelectual comprometido es una tontería: mi único compromiso es con la verdad científica. Esta eso mal? Tal vez si hubiera estudiado en los 70’s me hubieran acusado de falta de compromiso, pero yo estudie en los 90’s y crecí con las consecuencias de una generación (la tuya) con muchos mesías y salvadores del mundo que se creyó portadora de la verdad y se creyó el cuento de que con la violencia solucionarían de porrazo todos los problemas del mundo. Yo vi muchos muertos y padecí de falta de luz e inseguridad cotidiana gracias a sus creencias violentistas. Por eso que soy critico de los que ahora siguen reivindicando la violencia, Cuba o a Chávez, porque insisten con formulas fracasadas y encima manejan lecturas de la realidad que ya no son sostenibles dado el progreso científico.

Eso no significa que no crea en algo. Creo que todos debemos tener condiciones básicas de igualdad de oportunidades y el acceso a un marco cada vez mas amplio de libertades positivas (capacidad de poder ser y hacer). Mi compromiso se refleja en los temas que estudio. Aspiro a generar conocimiento que ayuden a la formulación de políticas que mejoren las condiciones de vida de los que menos tienen. Pero hacerlo seriamente, poniendo por delante la verdad y no la propaganda. Eso no significa que eventualmente no me comprometa con llevar a cabo la implementación de estas, pero creo que eso distara mucho del tipo de praxis política que alguna vez tu generación persiguió. No creo que ello signifique ser conservador, pues creo que lo auténticamente revolucionario son los cambios graduales y asegurar condiciones basicas de estabilidad son una condición básica para ello. Ningún pais cambio -al menos sosteniblemente- de la noche a la mañana.

4. Por ello, estimado Oscar, no veo porque sea merecedor de tu pena. No tengo los complejos que podrías tener tu a la hora de pasar tu recibo de honorarios para cobrarle las consultorías que le haces al Banco Mundial, al Gobierno o a las fundaciones u ONG de los países ricos. Yo no me gano la vida gracias a quienes quise destruir cuando era mas joven. Me siento orgulloso de lo que hago y de los lugares donde trabajo o en donde he trabajado porque me encontrado con gente muy profesional que cree en lo que hace.

Por lo demás, no vivo holgadamente, tengo solo lo necesario para vivir. Todo lo que he conseguido ha sido a base de esfuerzo, y no me acompleja disfrutar de lo que he conseguido. No tengo el ego tan grande como para tragarme el cuento de “tomar el cielo por asalto” y otras yerbas que movilizo a tu generación. Hacer mi chamba bien e influir en mejores políticas que ayuden a erradicar la pobreza y desigualdad es lo único que quiero. Tal vez sea un objetivo muy modesto, pero por lo menos puedo irme a dormir tranquilo y no tener que admitir que nada de lo que soñé para mi país cuando era joven se logro y mucho menos pensar que las ideas violentistas en las que creí causaron el mayor derramamiento de sangre que ha visto el Perú.

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Filed under Izquierda, Juventud, Peru

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